No voy a decir mucho sobre lo que ha pasado hoy; no tengo palabras: se nos ha ido Santi Santamaría. Así, de improviso, de forma totalmente inesperada.
Supongo que muchos dirán que la muerte es siempre así, inesperada, que no avisa y que siempre duele pero es que, en ocasiones, la muy cabrona se lleva a alguien que hacía falta. Realmente falta, me refiero, porque su labor contribuía a hacer más grande la cultura de un país.
Personas así no son abundantes, perderlas de forma prematura es un pequeño desastre.
Yo le conocí, entrevisté a Santi hace algunos años... antes incluso del -algunos dirán- desafortunado o último MadridFusión en que participó y, si tengo que decir algo sobre él, diré que por lo menos era coherente. Con su trabajo, con su filosofía, con su forma de actuar. Podría caer mejor o peor, pero lo que era indiscutible es que era un artista de lo suyo: la cocina, que defendía a ultranza.
Santi, descansa en paz. Y esperanos allá donde estés porque lo que está claro es que todos acabaremos reuniéndonos allí.
Te echaremos de menos, Santi.