De nuevo entre los vivos

La vida se ve de otro modo una vez que has saludado a la muerte.

lunes, 5 de abril de 2010

Nacidos para odiar

O para herir, que para el caso, casi es lo mismo. Porque, de hecho, odiar es básicamente improductivo, si no se hiere al contrario puesto que, en ese caso, el único que se pudre es el que odia.

Pero ¿Por qué odiamos? ¿Por qué odiamos los que haremos este blog? Por la frustración que nos genera el encontrarnos inmersos en una sociedad ñoña; bajo los designios de un Gobierno -el de ZP- que, como el americano, distrae la atención de los asusntos importantes con tonterías; y rodeados de ineptos que 'crecen' profesionalmente hablando sin que nadie en su sano juicio se explique el porqué.

Por eso odiamos.

Aunque es un odio con trampa. Quizá no es odio realmente, sino sólo desprecio. En esta España del siglo XXI no hay lugar para el talento, la creatividad o la inteligencia. No hay lugar más que para los lugares comunes, la vulgaridad y un 'divismo' incomprensible y absurdo que ¡¡¡Dios que horror!!! está muy arraigado entre los de mi profesión (los periodistas) como un cáncer.

¿Divismo de qué? Pues eso me pregunto yo también, señores. ¿De qué? ¿De qué? Si ya ha pasado el tiempo en el que el periodismo -por lo menos en España- era el cuarto poder. Ahora los periodistas pueden darse -o podemos darnos- con un canto en los dientes si alguien nos considera por lo menos 'mercenarios de la información' y no meras putas. Porque hemos sido nosotros -yo también- los que nos hemos cargado una profesión bonita, a base de tragar con todo, aceptar condiciones laborales de risa, no tener un convenio en condiciones, o aceptar que personas ajenas a este trabajo se pongan al frente de los altos cargos y asuman que lo que hacemos es 'copiar y pegar' con cierto arte.

O, ahora cada vez más, sin él. Pero eso también es culpa nuestra: por apalancarnos, recurrir a la ley del mínimo esfuerzo y seguir tragando sin pretensiones. Nos falta sangre. A los periodistas nos falta sangre en las venas. Así las cosas no tenemos más remedio que extinguirnos en favor de las belenes esteban de turno, las patricias conde, los publi-reportajes, o los señores miembros de consejos editoriales que se creen que son el ombligo del mundo y que deberían contentarse con llegar a ser el culo.

Señores míos, los periodistas teníamos poder, antes. Las altas esferas leían y temían nuestras palabras; se nos perseguía, llegado el caso. Y aunque no abogo porque eso llegue a suceder de nuevo, también pienso que ahora nadie se molestaría en hacerlo pues los de nuestro gremio somos, a ojos de la mayoría, unos vendidos de uno u otro bando.

Por eso este blog -que posiblemente no cuente con ningún seguidor jamás-. Por eso odiamos. Por eso estamos aquí.

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